En México, la autoconstrucción sigue siendo uno de los pilares menos visibles pero más determinantes del desarrollo habitacional. En ese contexto, algunas empresas proveedoras de materiales han comenzado a replantear su papel, pasando de la venta tradicional a esquemas que buscan ordenar y profesionalizar procesos históricamente marcados por la improvisación.
Un ejemplo de esta tendencia es Materiales San Cayetano Express, que durante 2025 consolidó un modelo enfocado en obra negra con materiales industrializados, asesoría técnica y suministro programado. Más allá de cifras de crecimiento, el caso resulta relevante por el enfoque: reducir mermas, tiempos muertos y retrabajos en un segmento donde el margen de error suele ser alto.
De la ferretería al sistema de obra
La estrategia parte de una selección limitada pero controlada de insumos. En lugar de comercializar arena y grava a granel, el modelo prioriza mezclas listas y tabique industrializado, con el objetivo de estandarizar resultados y disminuir variaciones en calidad. Esta lógica responde a una realidad conocida por el sector: buena parte de los problemas estructurales en la vivienda autoconstruida se originan en la etapa de obra negra.
La apuesta por materiales industrializados no es nueva en la construcción formal, pero su traslado al terreno de la autoconstrucción representa un cambio cultural. En regiones del sur del país, donde este tipo de vivienda puede representar hasta 80% del total, introducir procesos más controlados tiene implicaciones directas en seguridad, durabilidad y costos a largo plazo.
Otro elemento que empieza a ganar peso es la asesoría técnica directa al usuario final. La capacitación en tienda y en obra, así como el acompañamiento por etapas, busca corregir prácticas arraigadas y promover una compra más racional: materiales por semana, avances medidos por partidas y control del inventario en sitio.
Desde la óptica del sector, este tipo de esquemas apunta a un terreno poco atendido por fabricantes y distribuidores: la transferencia real de conocimiento hacia el autoconstructor. No se trata solo de vender un producto, sino de reducir la brecha entre la construcción formal y la informal mediante procesos replicables.
Durante los años recientes, la disponibilidad inmediata de materiales y la logística programada se convirtieron en factores críticos, no solo para la vivienda, sino también para proyectos de infraestructura. La experiencia dejó una lección clara: la eficiencia logística puede ser tan relevante como el precio del material.
En paralelo, la vinculación con universidades y centros de formación técnica refleja otra lectura del mercado: el cambio no solo ocurre en la obra, sino desde la formación de quienes la ejecutan. Incorporar criterios de eficiencia, planeación y control desde etapas tempranas podría tener efectos estructurales en el sector.
Franquicias y proyección
De cara a 2026, el crecimiento mediante franquicias especializadas abre un debate interesante para la industria: cómo escalar modelos que privilegian método y estandarización en un país con realidades constructivas tan diversas. Más que un tema comercial, se trata de entender si este tipo de formatos puede convertirse en un canal efectivo para modernizar la autoconstrucción a nivel regional.
En un entorno donde millones de viviendas se levantan paso a paso, cualquier avance en control de procesos tiene un impacto acumulativo significativo. La profesionalización de la obra negra, lejos de ser un discurso, empieza a perfilarse como una necesidad estructural para el desarrollo habitacional del país.



